El patito
feo *_*
Llegó
el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se
congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fue ron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada
uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas.
Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el
más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que
permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún
signo de movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió
un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo
más feo y desgarbado que los otros seis...
La
Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le
apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar
cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde
pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso
aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó
por un agujero del cercado.
Así
llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había
encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también,
porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera
de primer plato. También se fue de aquí
corriendo.
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de
hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de
cazadores que pretendían dispararle.
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un
estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta
entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se
sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe.
De todas formas, como no tenía nada
que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito
vio en el estanque, le respondieron:
A lo que el patito respondió:
-¡No os burléis de mí!. Ya
sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso...
El patito se introdujo incrédulo en el agua
transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante
el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el
cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.
FIN








